La inteligencia alemana confirmó que el partido Alternativa para Alemania (AfD) es oficialmente considerado una organización de extrema derecha. Esto permitirá que el Estado vigile sus actividades más de cerca.

La medida incluye la posibilidad de intervenir teléfonos, espiar reuniones y acceder a documentación interna del partido. Se trata de una decisión sin precedentes que marca un giro en la política de seguridad interna del país.

Las autoridades justificaron esta clasificación señalando que varios de sus dirigentes sostienen discursos xenófobos y anti democráticos. El AfD ha sido acusado repetidamente de promover odio racial y desinformación.

Aunque el partido calificó la decisión como “una persecución política”, el gobierno sostiene que la medida busca proteger el orden constitucional. El caso podría sentar precedente para cómo se trata a partidos extremistas en la Unión Europea.

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