¿Alguna vez has sentido que no mereces tus logros o que estás a punto de ser “descubierto” como un fraude? Ese sentimiento tiene nombre: síndrome del impostor. Se trata de un fenómeno psicológico que afecta a millones de personas, independientemente de su éxito, formación o talento.

Quienes lo padecen suelen atribuir sus logros a la suerte o al esfuerzo excesivo, nunca a su capacidad. Viven con el temor constante de no estar a la altura, y esto puede generar ansiedad, bloqueo creativo e incluso rechazo de nuevas oportunidades. Curiosamente, es común entre personas altamente competentes.

El síndrome del impostor no es un trastorno mental formal, pero sí está muy relacionado con la autoestima, el perfeccionismo y la autoexigencia. A menudo se desarrolla en entornos competitivos o exigentes, como universidades de élite o empresas de alto rendimiento.

Aunque afecta a ambos géneros, es particularmente frecuente en mujeres profesionales y personas de grupos históricamente subrepresentados. Esto se debe, en parte, a la falta de referentes, el cuestionamiento constante de su valor y la presión por demostrar su valía.

Superar este síndrome requiere primero reconocerlo. Compartir estas sensaciones con otros puede ayudar a desactivarlas. También es útil llevar un registro de logros, aprender a aceptar elogios y recordar que equivocarse es parte del aprendizaje. La autocompasión y el apoyo psicológico pueden marcar una gran diferencia.

Hablar abiertamente del síndrome del impostor no solo ayuda a quienes lo viven, sino que contribuye a construir entornos laborales y académicos más empáticos. Después de todo, sentirse inseguro a veces no te hace menos valioso: te hace humano.

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