Dormir se ha convertido en el nuevo objetivo del bienestar. En una sociedad que glorifica la productividad y el «no parar nunca», cada vez más estudios demuestran que el descanso profundo es esencial para la salud física, mental y emocional.
No dormir lo suficiente se relaciona con problemas de memoria, aumento de peso, envejecimiento prematuro, ansiedad y hasta enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, millones de personas duermen menos de seis horas por noche.
Especialistas en sueño recomiendan rutinas simples pero efectivas: apagar pantallas una hora antes, evitar cafeína por la tarde, mantener horarios regulares y reducir la luz artificial en el dormitorio.
También crecen los productos y servicios orientados a mejorar el descanso: desde apps de meditación guiada hasta colchones inteligentes, rituales nocturnos y suplementos naturales.
Dormir bien dejó de ser un lujo para convertirse en un acto de autocuidado esencial. Incluso en el ámbito laboral, algunas empresas comienzan a promover pausas activas y siestas breves para cuidar la salud de sus equipos.
En un mundo que nos empuja a ir más rápido, descansar puede ser un acto de resistencia. Dormir no es perder tiempo: es ganar salud.







