El gobernador neuquino puso fin a los gastos superfluos, los alquileres de camionetas a conocidos y las planillas llenas de nombres sin función. Hoy, los recursos vuelven a ser de la gente, demostrando la diferencia entre privilegios y gestión real.
El gobernador de Neuquén, Rolo Figueroa, tomó una decisión firme en su compromiso por ordenar el Estado y poner fin a los privilegios enquistados en la administración pública. A través de una auditoría exhaustiva, se detectaron cientos de contratos de personas que cobraban sin trabajar —los denominados «ñoquis»— y se procedió a su inmediata eliminación. Esta medida representa un mensaje claro: en su gobierno no hay lugar para el despilfarro ni para los acomodos políticos.
Además de los contratos irregulares, Figueroa desactivó otros gastos superfluos que formaban parte de las viejas prácticas, como el alquiler de camionetas a conocidos y las planillas cargadas de nombres sin funciones reales. Estas decisiones se enmarcan en un plan integral de saneamiento de las cuentas públicas, con el objetivo de garantizar que cada peso del Estado se use para mejorar la calidad de vida de los neuquinos y no para mantener estructuras clientelares.
Con esta gestión, La Neuquinidad busca marcar un antes y un después en la política provincial. El mensaje es contundente: gobernar no es repartir beneficios entre amigos, sino administrar con responsabilidad, transparencia y eficiencia. Hoy, los recursos vuelven a ser de la gente, y se destinan a salud, educación, obra pública y desarrollo, demostrando que cuando hay voluntad política, la diferencia entre privilegios y gestión real se vuelve evidente.








