Especialistas que participan del Congreso Europeo de Gastroenterología en Berlín advierten que la incidencia de enfermedades inflamatorias intestinales (EII) crece en regiones como América Latina, impulsada por factores ambientales, estilo de vida occidentalizado y progresos en el diagnóstico.

En las últimas décadas, ya no se consideran patologías exclusivas de países desarrollados: la urbanización, la alimentación ultraprocesada, el estrés y la contaminación se suman a predisposiciones genéticas para aumentar el riesgo. Las principales manifestaciones son la colitis ulcerosa —afección del intestino grueso— y la enfermedad de Crohn, que puede afectar cualquier tramo del tubo digestivo.

Aunque hoy no existe cura definitiva, los tratamientos han dado pasos decisivos: se combinan medicamentos antiinflamatorios, inmunomoduladores y terapias biológicas. Nuevos enfoques como los fármacos orales dirigidos, biomarcadores predictivos y anticuerpos monoclonales (por ejemplo, inhibidores de interleucina-23) permiten apuntar a una “remisión profunda” y un abordaje más personalizado.

El desafío sigue siendo lograr un diagnóstico temprano, insistir en la adhesión al tratamiento aun sin síntomas evidentes, y fortalecer registros epidemiológicos (como el RADECCU en Argentina) para adaptar políticas sanitarias.

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