El agua es un recurso vital y, en la Patagonia, cada vez más escaso. En la cuenca del río Neuquén, el equilibrio entre el uso agrícola, urbano e industrial se vuelve más delicado a medida que crece la población y la actividad energética.
Productores del Alto Valle denuncian una disminución del caudal disponible, mientras las empresas petroleras incrementan su demanda para fractura hidráulica. Las sequías prolongadas agravan el problema y ponen a prueba la capacidad de gestión del Estado.
En este contexto, los proyectos de regulación y embalses cobran protagonismo, pero también generan polémica. Ambientalistas advierten sobre el impacto ecológico y la pérdida de biodiversidad.
El agua no solo es un recurso natural, sino también político. Su distribución define relaciones de poder entre provincias, municipios y sectores productivos. En Neuquén, los conflictos por el uso del recurso son cada vez más visibles y mediáticos.
Garantizar agua para el desarrollo, sin comprometer los ecosistemas, es uno de los grandes desafíos de la próxima década. En un mundo que discute la transición energética, la próxima batalla será por el agua.







